Por qué Doritos planea cada lanzamiento como si fuera un Super Bowl, aunque no lo sea
100.000 bolsas en 72 horas: cómo Lay's sincronizó comercial, reto físico y creadores en una sola narrativa.
Kyle Gore, vicepresidente de marketing global de Doritos, hizo una comparación reveladora en una entrevista reciente recogida por Food Dive: el nivel de planificación que exige hoy una campaña de la marca es equivalente al de un Super Bowl, "pero a una escala mucho mayor". No hablaba en sentido figurado sobre la intensidad del trabajo. Hablaba de logística real: coordinar anuncios de gran formato, activaciones con decenas de creadores de contenido de alcance masivo y desafíos diseñados para poner el producto físicamente en manos de cientos de miles de personas en un plazo de apenas 72 horas, todo bajo una sola narrativa coherente.
La campaña que puso 100.000 bolsas en manos de fans en tres días
El ejemplo más claro de esa escala es el "72-Hour Challenge" que acompañó el comercial de Lay's —marca hermana de Doritos dentro de PepsiCo— para el Super Bowl 2026, un spot centrado en la agricultura y la cadena de suministro llamado "Last Harvest". La activación puso 100.000 bolsas de producto en manos de consumidores en apenas tres días, como forma de demostrar, de manera literal y físicamente verificable, la velocidad de la cadena "del campo a la puerta" que la marca prometía en su publicidad. Ese mismo equipo lideró además Flavor Swap, el programa de influencers más grande de la historia de PepsiCo, con la participación de creadores como IShowSpeed, Madison Beer y Dude Perfect.
Ninguna de esas piezas —el comercial, el desafío físico, el programa de creadores— funciona de forma aislada. Su valor depende de que las tres ocurran sincronizadas, con el mismo mensaje, en el mismo margen de tiempo, frente a audiencias que se mueven entre televisión, redes sociales y punto de venta sin distinguir mucho entre canales.
El problema que resuelve esa sincronía
Lo que Kyle Gore describe como una operación de escala de Super Bowl es, en el fondo, un problema de coordinación que ninguna estrategia creativa por sí sola resuelve: sincronizar agencias, plataformas de medios, decenas de creadores individuales con calendarios propios, equipos de producción física y logística de distribución, todos apuntando a una misma fecha de lanzamiento. Es exactamente el mismo desafío que enfrentaba Neil McElroy en 1931 cuando propuso que una sola persona fuera responsable de una marca completa, solo que multiplicado por el número de plataformas simultáneas que existen hoy y que en 1931 ni siquiera existían como concepto.
Ese tipo de sincronización rara vez recae en una sola persona. Detrás de campañas de esta magnitud trabaja, casi siempre, un equipo de gestión de proyectos creativos cuya función es menos visible que la del director creativo o el gerente de marca, pero igual de determinante: convertir la visión estratégica en un cronograma ejecutable, anticipar los puntos donde la campaña puede fallar por retrasos de producción o aprobación, y asegurarse de que cuando el comercial sale al aire, el desafío de 72 horas y la activación de creadores estén exactamente donde deben estar.
Lo que distingue una campaña de escala de una simplemente grande
No toda campaña con mucho presupuesto logra esa sincronía. La diferencia entre una campaña grande y una campaña de escala, en el sentido en que la describe Gore, está en la coherencia: que cada pieza refuerce la misma narrativa central en lugar de competir por atención entre sí. En el caso de Lay's, esa narrativa central —la velocidad y transparencia de la cadena de suministro, del campo a la puerta— se sostuvo simultáneamente en un comercial emotivo, un reto logístico verificable y una red de creadores hablando del mismo tema desde ángulos distintos. Esa coherencia no ocurre por talento creativo aislado. Ocurre porque alguien, en algún punto del proceso, defendió la disciplina de que ninguna pieza se apartara del guion central.






Ninguna marca de consumo masivo tiene, en la práctica, el mismo presupuesto de un anunciante de Super Bowl en cada lanzamiento del año. Pero la lógica que describe Kyle Gore no depende del tamaño del presupuesto, depende de la disciplina de coordinación. La pregunta que deja este caso para cualquier equipo de marketing no es cuánto se puede gastar en la próxima campaña, sino si, con el presupuesto que se tiene, todas las piezas —anuncio, activación física, red de creadores— están realmente contando la misma historia al mismo tiempo.