La Gaseosa que Quiere ser Buena para Ti
Coca-Cola agrega fibra prebiótica a Zero Sugar, Sprite y Fresca. Por qué el gigante de las sodas entra en el terreno de Olipop y Poppi.
Hay una escena que se repite en los pasillos de bebidas de cualquier supermercado estadounidense. Un comprador se detiene frente a la nevera, mira la lata roja de siempre y luego mira, al lado, unas latas de colores pastel que prometen fibra, microbioma y refrescos que cuidan el intestino. Durante más de un siglo, esa decisión fue sencilla: la gaseosa era un placer, y el placer no se discutía. Hoy se discute. Y la empresa que convirtió ese placer en un imperio acaba de decidir que ya no puede quedarse mirando desde la otra acera.
El 7 de octubre de 2026, Coca-Cola anunció que añadirá 6 gramos de fibra prebiótica a tres de sus marcas insignia: Coca-Cola Zero Sugar, Sprite Zero Sugar y Fresca. Los productos llegarán a finales de este mes, en un lanzamiento piloto limitado a zonas de Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania. Es una prueba acotada, pero lo que significa es mucho más grande que su geografía.
Para entender por qué importa, hay que mirar quién ocupa hoy ese terreno, y de dónde salió. Hace apenas una década, la categoría de las gaseosas «mejores para ti» era un rincón casi invisible de las tiendas naturistas. Según Fortune, a comienzos de 2025 las ventas minoristas de refrescos probióticos y prebióticos rondaban los 820 millones de dólares en Estados Unidos, una cifra que se había más que duplicado en un solo año, pero que seguía representando apenas el 2% de un mercado de gaseosas de 42.400 millones. Datos de NielsenIQ recopilados por Goldman Sachs y citados por The Wall Street Journal ubicaron en unos 817 millones de dólares las ventas combinadas de las dos marcas que dominan el segmento: Olipop y Poppi. Es decir, casi todo lo que había en esa categoría llevaba una de esas dos etiquetas.
Olipop, la marca que popularizó la idea de una soda con fibra y poco azúcar, reportó ventas brutas de 200 millones de dólares en 2023 y llegó a tener presencia en cerca de 12.000 locales de Starbucks. Poppi, por su parte, había alcanzado unos 100 millones de dólares a finales de ese mismo año. Y entonces ocurrió lo que suele ocurrir cuando un nicho demuestra que puede crecer: los gigantes se acercaron. PepsiCo compró Poppi el año pasado por unos 2.000 millones de dólares, y esa cifra fue una confesión. Cuando una compañía de ese tamaño paga tanto por una marca joven de refrescos, está admitiendo que el consumidor ya no solo busca sabor, sino también una razón para sentirse bien con lo que bebe. PepsiCo, además, no se quedó en la adquisición: el verano pasado lanzó una versión prebiótica de su propia cola.
Coca-Cola, en realidad, no llega de cero. A comienzos del año pasado ya había probado el terreno con Simply Pop, una soda prebiótica bajo su marca de jugos Simply. Becca Kerr, directora ejecutiva de su unidad de nutrición, contó entonces que su equipo había pasado casi un año investigando consumidores y formulando el producto, y la propia compañía calculaba que este tipo de refrescos especializados podría superar los 2.000 millones de dólares hacia 2029. Fue un movimiento prudente, casi lateral, hecho bajo un nombre que no era el suyo. Lo que cambia ahora es el escenario: la empresa ya no experimenta desde la periferia, sino que mete la fibra dentro de las marcas que sostienen su identidad. Es la diferencia entre abrir una tienda pequeña en otra calle y reformar el edificio principal.
Hay, sin embargo, un detalle que merece atención. Seis gramos de fibra son bastante más que los 2 gramos que motivaron en 2024 una demanda de un consumidor contra Poppi por la supuesta distancia entre su promesa de salud y su contenido real, aunque menos que los 9 gramos de una lata de Olipop sabor fresa y vainilla. La cifra sitúa a Coca-Cola en un punto intermedio, y en una categoría donde los propios nutricionistas advierten que ninguna lata al día va a curar el intestino de nadie, el número importa tanto como el relato.
La lógica detrás de esta apuesta la resumió Shakir Monin, presidente de marketing de Coca-Cola para Norteamérica: la innovación, dijo, empieza por el consumidor, por entender lo que busca y hacia dónde se mueven sus intereses, y luego usar la fuerza de las marcas para crear algo relevante. Hay una verdad incómoda en esa frase. Las marcas más grandes del mundo ya no marcan el rumbo del gusto, lo siguen, y a veces llegan tarde. Lo que antes se pedía a una bebida era que refrescara; hoy se le pide además que ayude a dormir, a digerir, a verse mejor. El azúcar dejó de ser el único enemigo y el bienestar se volvió un argumento de venta.
Pero sería un error leer este anuncio como una conversión total a la vida saludable. Lo más revelador de la estrategia de Coca-Cola para 2027 es su aparente contradicción. Mientras añade fibra a sus colas sin azúcar, la compañía lanza Coca-Cola Cherry Lime y Strawberry Float, esta última una mezcla de fresa y vainilla que apuesta abiertamente por la golosina. Relanza además Mr. Pibb, que según una encuesta de Morning Consult fue la marca de más rápido crecimiento en 2026, y le suma un sabor de grosella negra con 54 miligramos de cafeína. Es una empresa que juega en dos tableros a la vez: ofrecer virtud a quien la busca e indulgencia a quien no quiere renunciar a ella.
El resto del portafolio confirma que lo funcional ya no es un nicho. Powerade estrenará sabores de sandía y de limón-lima, ambos sin azúcar. Vitaminwater lanzará en marzo de 2027 una fórmula cero azúcar de uva, con el valor diario de las vitaminas C, E, B3, B5, B6 y B12. Y en el terreno de las proteínas, Core Power Banana llegará en enero con versiones de 26 y 42 gramos, el primer sabor nuevo de la marca en casi una década. Cada una de estas piezas apunta en la misma dirección: la bebida como herramienta, no solo como antojo.
Queda la pregunta de fondo, la que las cifras del piloto responderán en los próximos meses: ¿le creerá el consumidor a Coca-Cola cuando diga que su refresco también cuida el intestino? Olipop y Poppi construyeron su credibilidad desde cero, con una promesa de salud como único relato. Coca-Cola parte con la ventaja de la distribución y el reconocimiento, y con la desventaja de su propia historia: es difícil presentarse como aliada del bienestar cuando durante generaciones fuiste el símbolo del exceso. Las proyecciones de mercado no ayudan a despejar la duda, porque oscilan entre los 4.200 millones de dólares globales que estima Persistence Market Research para 2033 y los 8.400 millones que proyecta Market Intelo para 2034. Que dos analistas difieran por el doble dice algo: nadie sabe todavía cuánto cabe en esta categoría. Aun así, la historia de la industria sugiere que subestimar a quien tiene las neveras, las máquinas expendedoras y la costumbre de millones de personas es un error caro.
Lo que está en juego, en el fondo, no son seis gramos de fibra. Es la pregunta de quién define qué significa una gaseosa en la próxima década. Si el consumidor acepta que un refresco puede ser, al mismo tiempo, placer y cuidado, el pasillo de bebidas cambiará para siempre. Y Coca-Cola, que pasó más de cien años enseñándonos qué sabor tenía la felicidad, acaba de empezar a preguntarnos si no podríamos tener también algo de salud.
Fuentes: Food Dive (7 de octubre de 2026); The Wall Street Journal vía NACS (febrero de 2025); Fortune (febrero de 2025); Chowhound; Persistence Market Research; Market Intelo. Las cifras de mercado provienen de estimaciones de distintas consultoras y varían entre sí.