Se fueron de Venezuela y abrieron una chocolatería en Reino Unido. El cacao, insistieron, tenía que seguir siendo venezolano

Se fueron de Venezuela, abrieron una chocolatería en Reino Unido, y decidieron que el cacao seguiría siendo venezolano.

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Se fueron de Venezuela y abrieron una chocolatería en Reino Unido. El cacao, insistieron, tenía que seguir siendo venezolano

Cuando un grupo de venezolanos radicados en Reino Unido decidió abrir una fábrica de chocolate artesanal, tenían frente a ellos una decisión aparentemente práctica: podían usar cacao de cualquiera de los grandes proveedores globales, más baratos y más fáciles de conseguir en Europa. Eligieron, en cambio, seguir trayendo cacao de Venezuela. En mayo de 2026, esa decisión les dio cuatro medallas de oro en el Concurso Británico de Chocolate Artesanal, uno de los certámenes más exigentes del sector, y un boleto directo a la Final Mundial de los International Chocolate Awards.

La diáspora como vehículo de exportación cultural

Hay una idea que circula desde hace tiempo entre quienes piensan el mercado gastronómico venezolano en clave de largo plazo: que la cultura de un país se exporta, en gran medida, a través de sus productos formalizados. Cada vez que un producto con identidad de origen clara —un café, un queso, un cacao— cruza una frontera con la calidad suficiente para competir, no solo genera una venta: instala una referencia cultural en un mercado que antes no la tenía. La cocina italiana llegó a millones de hogares que nunca visitaron Italia a través del aceite de oliva y la pasta embotellada. Algo parecido está empezando a ocurrir, a menor escala pero con la misma lógica, con el cacao venezolano en manos de su propia diáspora.

Mayoy Cacao es exactamente ese caso. Fundada por venezolanos en Reino Unido, inauguró en junio de 2025 una fábrica de chocolate artesanal y una cafetería especializada. Desde entonces, ha participado en festivales gastronómicos en ciudades como Brighton, Greenwich y Melton, construyendo presencia dentro de uno de los mercados de chocolate premium más competitivos y sofisticados del mundo.

Lo que significa ganar en la categoría "bean to bar"

El Concurso Británico de Chocolate Artesanal 2026 le otorgó a Mayoy Cacao dos medallas de oro por la calidad de sus tabletas, y otras dos distinciones como fabricante de élite en la categoría "bean to bar" —una de las más exigentes dentro del universo chocolatero artesanal, porque evalúa todo el proceso de producción, desde la selección del grano hasta la elaboración final de la tableta, sin permitir que ninguna etapa quede oculta detrás de un proveedor externo. No es un premio a un producto terminado comprado a granel: es un premio a un proceso completo, controlado de principio a fin por la propia marca.

La ceremonia se realizó en Burdeos, Francia, durante el festival gastronómico Show/Colat, y estuvo encabezada por Monica Meschini y Martin Christy, fundadores de los International Chocolate Awards a nivel global.

La genética que sobrevivió a la crisis

Hay un dato que conecta este triunfo con algo mucho más profundo que una buena estrategia de marketing. Leudys González, presidenta de la Fundación Nuestra Tierra, ha señalado que el principal desafío del cacao venezolano nunca fue la calidad, sino la visibilidad internacional. Y esa calidad, paradójicamente, sobrevivió gracias a algo que en cualquier otro contexto habría sido una desventaja: durante los años más duros de la crisis económica venezolana, numerosas haciendas cacaoteras no tuvieron acceso a insumos agroquímicos ni a programas de modificación genética, y mantuvieron sus cultivos prácticamente intactos en su forma original. Lo que en su momento fue una limitación forzada terminó preservando, sin intención, la genética original del cacao criollo venezolano —precisamente el atributo que hoy paga dividendos en los concursos internacionales más exigentes.

La lección que deja una fábrica en Reino Unido

Ningún miembro del equipo de Mayoy Cacao tenía, al salir de Venezuela, el plan de convertirse en embajador internacional del cacao criollo. Pero la decisión de no renunciar al origen —de seguir trayendo cacao venezolano incluso cuando había alternativas más cómodas y baratas— es, en el fondo, la misma decisión que toma cualquier miembro de la diáspora que insiste en que su producto, su receta o su marca lleve consigo, con orgullo, de dónde viene. Cada medalla que gana Mayoy Cacao en Reino Unido no es solo un logro empresarial. Es una prueba más de que la cultura gastronómica venezolana no necesita quedarse dentro de las fronteras del país para seguir siendo, sin ninguna duda, venezolana.