Cuando el premio no depende del equipo, sino del ritual
Starbucks convierte el lunes post-Super Bowl en un ritual: café gratis, herencia de marca y una lectura fina del momento cultural.
No importa si eres fan de los Seahawks o de los Patriots. Tampoco si el Super Bowl te apasiona o simplemente lo ves por inercia cultural. Si eres miembro de Starbucks Rewards, el lunes después del gran juego hay algo seguro: una taza de café gratis te espera.
Por segundo año consecutivo, Starbucks ofrece a sus miembros un café alto —helado o caliente— con la compra de cualquier bebida. El gesto parece sencillo, casi obvio. Pero ahí está precisamente su fuerza: la marca no compite por atención el domingo por la noche; aparece cuando la gente más lo necesita.
El lunes posterior al Super Bowl no es un día cualquiera. Es cansancio colectivo, regreso a la rutina, resaca social. Starbucks no inventa ese estado emocional; lo reconoce y lo acompaña.
La promoción llega acompañada del lanzamiento de una nueva mezcla, 1971 Roast, y de una edición limitada de vasos verdes. No es casual. Todo está diseñado para reforzar la idea de herencia, oficio y continuidad. Starbucks no quiere ser vista como una marca oportunista que “se cuelga” del evento deportivo, sino como una presencia constante en la vida cotidiana.
Aquí aparece una diferencia clave frente a muchas activaciones de gran evento: Starbucks no busca apropiarse del Super Bowl, sino insertarse en el día después. Donde otros gritan, la marca susurra. Donde otros venden espectáculo, Starbucks ofrece alivio.
De promoción a tradición
Este no es un experimento aislado. En 2025, Starbucks ya había ofrecido una bebida gratuita el lunes posterior al Super Bowl. Repetirlo en 2026 consolida algo más valioso que una campaña exitosa: un ritual.
La marca empieza a ocupar un espacio similar al de otras fechas fijas del calendario comercial. No porque el consumidor lo anote, sino porque lo espera. Y cuando una marca logra eso, deja de depender de la sorpresa para construir valor.
Esta acción encaja perfectamente con el giro estratégico que Starbucks viene ejecutando bajo el liderazgo de Brian Niccol. El plan Back to Starbucks busca recuperar la esencia del local como “tercer espacio”: ni casa ni trabajo, sino un punto de encuentro.
Campañas como Hello Again, Together at Starbucks o incluso el fenómeno del vaso coleccionable navideño —por el que personas hicieron fila durante horas— responden a la misma lógica: hacer que la experiencia vuelva a importar.
La vuelta de gestos aparentemente pequeños —como escribir el nombre en el vaso, reabrir la barra de condimentos o reforzar normas de convivencia— apunta a algo mayor: reconstruir el vínculo emocional con el consumidor.
A pesar de un contexto complejo, con huelgas internas y llamados a boicot, la estrategia comienza a mostrar señales positivas. Starbucks volvió al crecimiento de ventas comparables en EE. UU. tras dos años de caídas. En el último trimestre, Norteamérica generó 7.300 millones de dólares en ingresos netos, un aumento interanual del 3%.
Muchas marcas saben qué hacer durante el gran evento. Pocas piensan en el día siguiente. Starbucks entendió que el verdadero espacio de conexión no siempre está en el pico de atención, sino en el momento en que la gente baja la guardia.
Al convertir el lunes post-Super Bowl en Starbucks Monday, la marca no solo regala café. Regala continuidad, compañía y rutina compartida. Y en un mundo saturado de estímulos, eso puede ser más poderoso que cualquier spot millonario.
Porque a veces, ganar no es aparecer en el momento más ruidoso.
Es estar presente cuando el ruido se apaga.